Carlos Iraldi
(28 Ene. 1920 - 4 Dic. 1995)

El Luthier Emérito


"...Por los comienzos de la década del sesenta Iraldi asistía al Coro de la Facultad de Ingeniería, dirigido por Virtú Marango. Allí conoció al polifacético y talentoso Gerardo Masana, integrante del grupo I Musicisti y luego co-fundador de Les Luthiers, grupo que se dedica a la música humor, ejecutada con instrumentos informales.
Se hicieron muy amigos y juntos fabricaron esos instrumentos. Carlos consideró a Gerardo como su maestro. Luego de la prematura muerte de Masana, Iraldi siguió "surtiendo" al grupo Les Luthiers por él inventados, sonoramente ricos y visualmente desopilantes.

Por períodos, fueron sus valiosos colaboradores-ayudantes
Carlos Núñez Cortés, Anapios, Carlos Merlassino y Héctor Isamú..."

"Carlos Iraldi, Luthier de sonidos" / Compilación: Lucía Maranca


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Los Instrumentos Informales

"...En el principio fue la guitarra, una vieja guitarra de Gerardo Masana que daba vueltas por ahí. Eran los tiempos de la prehistoria de Les Luthiers, cuando se reunían los miembros del Coro de Ingeniería en sus horas libres a divertirse con la música, Masana pensó que era posible rescatar la guitarra de la ignominia del polvo y la humedad y entonces, ayudado por un médico llamado Carlos Iraldi, le subió el puente, le colocó -como a cualquier pirata- una pata de palo, consiguió que adquiriese un bastardo aspecto de violoncello y la convirtió así en el primero de los instrumentos informales que son parte del sello característico del conjunto. Estaba sembrada la condición de luthiers (fabricantes de instrumentos) de los futuros ídem. Este primer objeto fue bautizado "Contrachitarrone da gamba" y como ejecutor oficial se designó a Jorge Maronna. Durante muchos años, Maronna no sólo fue el primer contrachitarronista da gamba del mundo. También el único. La ex guitarra de Masana fue el comienzo de una colección de cosas viejas transformadas en fuente de sonidos que a veces logran ser armoniosos. Hoy suman una treintena, y en todos los espectáculos debuta un nuevo aparato musical.

Con la evolución de Les Luthiers, ha evolucionado también la artesanía luthierana. En aquellos tiempos existía primero la gallina y luego se inventaba el huevo. Tropezar con unos tubos o descubrir una máquina de escribir abandonada en un desván podía terminar en un nuevo instrumento. Por lo menos en un nuevo proyecto. Aunque sea en un nuevo nombre: la arpilla (injerto de arpa y silla), el contrabasso de gamba piccolo (violín ejecutado en pizzicato en posición vertical) y el palangajo (palangana encordada para producir sonido de contrabajo) fueron algunos nombres que sonaron en reportajes a Les Luthiers, pero que jamás sonaron como instrumentos porque nunca llegaron a la etapa de la carpintería.

Desde entonces el procedimiento ha cambiado. Ahora surge primero el huevo de la idea y después se le busca la gallina adecuada. Es, por ejemplo, lo que sucede con el bajo barríltono, un pariente lejano del contrachitarrone primitivo que hoy ocupa la mayor parte del tiempo de Iraldi. El luthier de Les Luthiers nació en 1920 y dejó totalmente el psicoanálisis en 1989 para concentrarse en sus leznas, serruchos y destornilladores. La idea original consistió en cruzar un barril con un contrabajo, a fin de que el músico pudiera, simultáneamente, habitar el barril e interpretarlo. Lo demás fue buscar un barril centenario de vino, comprar un mástil de contrabajo en el taller de un colega, instalarle tirantes, recortar todo a la talla de -otra vez- el indefenso Maronna y tenerlo listo para "San Ictícola de los Peces".

La diferencia de procedimiento es importante. Hace veinticinco años, para fabricar un barríltono -nombre tomado de una novela de James Joyce- habría sido necesario que el abuelo de uno de Les Luthiers muriese alcohólico, que la viuda hubiera conservado su último barril de vino como recuerdo y que al abrir la nevera de Masana hubiera caído, sin que nadie se explicara por qué, el mástil de un contrabajo..."

"Les Luthiers de la L a la S" / Daniel Samper

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