Atlantic 3,1416
(Obertura trágica)

"Música...? Sí, claro"
Centro de Artes y Ciencias, Buenos Aires, Argentina, 17 de Mayo, 1966


MM: Vuelto que hubo Johann Sebastian a su país natal, los Estados Unidos, se dedicó a la enseñanza, aprovechando las experiencias recogidas durante su estadía en Roma. Fue nombrado profesor en la Universidad de Southern North Carolina. Por aquel entonces, conoció a Ifigenia, bella criatura semejante a un ángel, pero criada en las faldas del demonio.

GM: (sobre un pedestal) Ella tiene un no se qué.

MM: La verdad es que ella tenía varios "sí se qué" perfectamente localizables.
Johann Sebastian e Ifigenia vivieron un apasionado romance, o mas bien varios. En su honor -de Ifigenia, naturalmente- Johann compuso su malograda cantata Ifigenia en Brooklyn, obra que ella desdeñó totalmente. Esto impulsó al joven maestro a un abuso de drogas... barbitúricos... alcohol... tabaco... alucinógenos... prostitutas... (gesto de GM de "¡ya es suficiente!")

MM: Su desesperación fue tal que adquirió la colección completa de las obras de Wagner.
Una tarde, cuando su mal había hecho crisis, y su único refugio era el piano...
(GM se desliza por debajo del piano)
... gritó desgarrado:

GM: ¡Iffy! ... ¿Where is Iffy?

MM: Ifigenia había ido a ver Cavalleria Rusticana

GM: Yo muriéndome... y ella en los burros.

MM: Pero como todo en esta vida pasa, también pasó esta pasión enfermiza del maestro hacia la ingrata. Y Masana comienza a recuperarse.
Su vida transcurre apaciblemente por los carriles fecundos de la paz y la proficuidad hogareñas, toda su producción es instrumento de alabanza a los númenes que alimentan su fe y su deseo místico de trascender los prosaicos lineamientos de la superficialidad cotidiana, mediante un continuo himno de agradecimiento por el reiterado milagro de cada instante de vida concedido al amparo del natural amor a la creación, manifestado en un dulce y suave fluir de su caricia tenue e imperceptible, otorgada por la divinidad omnipresente e infinitamente bondadosa.
Sus últimos años transcurrieron en una apacible mansión rural, rodeado por el afecto y cariño de sus discípulos, sus familiares, sus amigos, sus hijos, sus padres y sus madres.

Seguidamente se podrá escuchar, en versión de la orquesta de cámara I Musicisti, bajo la sopapa de Giorgio Dichterliebe Winterreise zeide Müllerin, la obertura trágica Atlantic 3,1416, perteneciente a la ópera "Merlo, ciudad feliz".
La obertura que escucharemos a continuación, requirió un delicado trabajo por parte del maestro, en cuanto al balance sonoro. Dicho equilibrio, o balance, es tan crítico que cuando toca el Cornetófono d'amore es virtualmente imposible oír cualquier otro instrumento; y en caso de tocar el Contrachitarrone, es también imposible oírlo, aunque toque solo. Aparte hay otros problemas que Johann Sebastian no ha podido solucionar, por ejemplo jamás llegó a escribir una sola nota de esta obra, que se ha tocado, se toca y se tocará con esta aclaración: Sempre ad libitum, negra 132.
Señoras, señores, con ustedes los músicos.

(Se interpreta Atlantic 3,1416, obra instrumental)


Esta obra formó parte del espectáculo:
"Música? Sí, claro" (1966)


Nota:
El adjetivo "Trágica" se refiere a que luego de distintos intentos de iniciar la obra, que fracasan debido a que López no logra entrar a tiempo. El director, ya totalmente enfurecido, hubo de asesinarlo. Recién luego de descerrajarle 2 balazos al infeliz López fue posible armonizar debidamente. De ahí en más, el infortunado intérprete del serrucho fue un "muerto" testigo del concierto.

"Gerardo Masana y la fundación de Les Luthiers" / Sebastián Masana


Curiosidad:

Esta obra es una parodia al Poema Sinfónico "Pacific 231" de Arthur Honegger (1923), género de música programática para orquesta que se desarrolló en los siglos XIX y XX. Suelen tener generalmente un único movimiento y están relacionados con conceptos de la pintura, la poesía, el teatro, los paisajes naturales y otras fuentes extramusicales. Dichas ideas pueden ir desde el retrato literal, como el de una locomotora en Pacific 231 hasta las formas no específicas y evocadoras como en Les Préludes (1854) de Franz Liszt.

Fragmento de audio de Pacific 231

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