El Regreso
(Escena de película)

"Por Humor al Arte"
Teatro El Círculo, Rosario, Argentina, 26 de Mayo 1984.


MM: Parece mentira, Carlitos, estamos volviendo

EA: Volviendo estamos, Carlitos, mentira parece

MM: Estamos volviendo después de veinte años, veinte largos años

EA: Tenés razón Carlitos, fueron veinte años muy largos, de trece, catorce... meses

MM: Aunque pensándolo bien Carlitos, qué son veinte años?

EA: Son 240 meses

MM: Gracias Carlitos

EA: De nada Carlitos

MM: Pero ahora estamos volviendo

EA: Sí Carlitos, volviendo al lugar que nunca debimos haber dejado

MM: Vuelvo
EA: Vuelvo
MM: con el corazón herido
EA: por los errores de ayer
MM: Pienso
EA: Pienso
MM: que si no me hubiera ido
EA: ciudad de mi querer
EA+MM: que si no me hubiera ido
hoy no podría volver

MM: Carlitos, pensar que hace veinte años me fui sin decir adiós

EA: ¿No te despediste?

MM: Sí, me despedí, pero no dije adiós, dije: "au revoir"
Cuando me despedí, ella se estaba haciendo las trenzas... ¿cómo estará ahora?

EA: Y... ya habrá terminado.

MM: ¡Criollita linda!, ¡Margarita!, ¡muchacha de los ojazos negros!... ¡cómo las quise a las tres!

EA: Carlitos, vos siempre fuiste un seductor experto, un amante avezado

MM: Sí, avezado. A veces sí, a veces no. Por ejemplo ¿te acordás de Azucena?

EA: ¿Azucena?, la conocí, pero nunca la traté

MM: Yo traté... pero no pude. Lo que pasa Carlitos, es que las mujeres solo nos causan dolor.

EA: Tenés razón Carlitos, yo vivo penando desde que falleció mi tercera esposa y me quedé solo... con dos.

MM: Cuánto lo siento hermano.
Mirá Carlitos!, mirá la extraña fascinación que parece surgir de las estrellas

EA: Es cierto, Carlitos. Anoche después de cenar me vine solo a cubierta y estuve toda la noche escrutando el cielo

MM: Algo que comiste...

EA: Te estoy hablando de mis ansias... mis deseos... deseo de volver

MM: Y, sí... algo que comiste

EA: Tenés razón Carlitos, el cielo es fascinante, es un espectáculo inenarrable

MM: Vos los has dicho, Carlitos, inenarrable. Carlitos, ¿qué quiere decir inenarrable?

EA: Es algo difícil de describir con palabras

MM: Pero aunque sea intentalo

EA: Es algo difícil de describir con palabras

MM: Pero aunque sea intentalo

EA: Es algo difícil de ...

MM: Ahhh!, que es algo difícil de describir con palabras

EA: Pero aunque sea intentalo

MM: Mirá Carlitos, mirá cómo brilla el mar, cómo se refleja la luna...

EA: Cómo nos sigue la estela...

MM: Esa mina sí que te quiere... ¡Pobre Estela!

EA: ¡Pobre!

MM: Pobre Estela, y pensar que vos la abandonaste como nada

EA: Tenés razón, Carlitos, ¡cómo nada!

MM: Carlitos perdoname que te lo diga, pero hablando de abandonos, vos también la abandonaste a Beatriz

EA: ¡Beatriz!...Cuando me fui me dijo:"quiero que te lleves este prendedor de recuerdo y yo misma te lo prenderé en la solapa", quise decirle que yo llevaba puesta solo la camiseta...nunca lloré tanto en una despedida.

Miré tu prendedor y emocionado
solo rogué que estuviera desinfectado
Me fui con tu recuerdo clavado en mí, Beatriz,
tu recuerdo me ha dejado una cicatriz.

MM: Carlitos... y te acordás de Encarnación?

EA: Uhhhh!

MM: Encarnación... ¡qué fea que era! Era la encarnación de lo feo.

Nunca nadie le dijo "te quiero"
nunca nadie se le declaró
¡pobre Encarnación!
salvo aquella tarde de Enero
que se le declaró... el sarampión.

EA: Parece mentira Carlitos, pensaste alguna vez qué mala suerte hemos tenido con las mujeres?

MM: Sí, Carlitos, lo que pasa es que salvo la vieja de uno son todas unas ingratas. Uno les da su amor y ellas te pagan mal.

EA: Algunas hasta se van sin pagar.

MM: Es que nosotros somos unos blandos. Yo por ejemplo, no puedo ver llorar a una mujer... sin pegarle antes.
Y somos muy hombres... somos muy hombres, y es muy difícil conjugar el ser muy hombre con la tolerancia.

EA: No Carlitos, no es difícil conjugarlo: yo soy muy hombre con la tolerancia, tú eres muy hombre con la tolerancia, él es muy hombre con la tolerancia... y así.

MM: Tenés razón Carlitos, nunca lo había pensado.
Carlitos, ahora que estamos regresando deberíamos olvidarnos de las mujeres, deberíamos tratar de vivir de otra cosa. Podríamos tratar de vivir del tango, por ejemplo.

EA: Por ejemplo. Yo llevo mil tangos en el alma.

MM: ¿Y por qué no los escribís?

EA: Porque son horribles.

MM: Carlitos, vos ibas a escribir el tango del plomero.

EA: El plomero fue al trabajo muy temprano
vió el caño que perdía y se acercó
sereno tomó el soldador en sus manos
y ... ¡sol - dó!

MM: Tenías razón Carlitos, tenías razón... es horrible.

EA: Soy un fracasado

MM: No digás eso Carlitos...

EA: Soy un fracasado

MM: No digás eso Carlitos

EA: Soy un fracasado

MM: Bueno, decilo

EA: Pensar que en mis épocas de esplendor llegué a tener tres "vuaturé", veinticinco trajes, ochenta camisas...

MM: Te queda la vieja, Carlitos...

EA: Sí, pero está muy gastada.

MM: No, Carlitos, no me has comprendido, no me has... comprendido. Me refiero a tu
santa madrecita.

EA: Disculpame hermano, no te había entendido. ¿Sabés lo que pasa?, es que tengo muchos problemas y no sé si puedo contar con vos.

MM: Contá conmigo Carlitos

EA+MM: Un problema, dos problemas, tres problemas...

EA: Gracias hermano, gracias

MM: Carlitos ¡ya se divisan las luces del puerto!

EA: ¡Estamos llegando hermano! Llegando a la única ciudad que nunca debimos haber abandonado.

MM: Volver, volver a verte, ciudad de mi querer
volver a recorrerte sin odios ni desaires,

EA: volver a ver el brillo de aquel viejo farol
gozar desde el altillo tus calles y tus aires

MM: Vuelvo

EA: vuelvo

MM: después de tanta ansiedad

EA: después de tanto desliz

MM: Vuelvo

EA: vuelvo

MM: a la única ciudad

EA: donde siempre fui feliz

EA+MM: Vuelvo, vuelvo,
estoy volviendo a París.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Esta obra formó parte del espectáculo:
"Por Humor al Arte" (1983)


Videograbación:
DVD 11 "Las Obras de Ayer"


Formación:

E. Acher: Carlitos
M. Mundstock: Carlitos

J. Maronna: guitarra (en off)
D. Rabinovich: guitarra (en off)

Cometario de Ernesto Acher sobre la obra

Les Luthiers online