Cantata del Adelantado...
(Cantata)

"Las Obras de Ayer"
Oviedo, España, nov 2005

MM: El célebre compositor Johann Sebastian Mastropiero era un apasionado de la investigación histórica; se pasaba largas horas, de 70, 80 minutos, en la biblioteca de la opulenta y exuberante marquesa de Quintanilla, cuyos volúmenes le apasionaban. Así supo de la existencia de un enigmático personaje del siglo XV, el Adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras. Al principio de su investigación Mastropiero creía que don Rodrigo había pertenido a la misma familia Díaz que las célebres cortesanas Angustias y Dolores Díaz, pero luego comparando las fechas, comprobó que Angustias y Dolores no provenían de esos Díaz... está bien, claro...
Mastropiero ya estaba por abandonar la investigación cuando encontró en la biblioteca el viejo manuscrito de un anónimo poema épico inspirado en el diario de viaje del Adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras. Según el poema, don Rodrigo había arribado a las costas del Río de la Plata en 1491, o sea, un año antes del descubrimiento oficial de América; esto explica su título de Adelantado.
El poema describe su heroico periplo hacia el norte del nuevo continente, gloriosa gesta de mucho años que culmina en la isla de Puerto Rico. Deslumbrado por el hallazgo del poema, Mastropiero le puso música en una de sus obras más célebres: "Cantata del Adelantado don Rodrigo Díaz de Carreras, de sus hazañas en tierras de Indias, de los singulares acontecimientos en que se vio envuelto, y de cómo se desenvolvió". La obra se inicia con el arribo de don Rodrigo a lo que luego se denominaría el Río de la Plata.


MM: Culmina Rodrigo dura travesía;
se acerca a la costa su fiel carabela
después de seis meses de brava porfía.
Avanza orgulloso, y con galanura,
ya clava su espada en la tierra soñada,
la tierra del oro, y la aventura.


TT: Llegados a tierra firme, con nativos pronto dimos

CORO: ¡Nos descubrieron! ¡Por fin nos descubrieron!

TT: Y en convite conocimos sus tolderías

CORO: ¡Pasen y vean qué lindas tolderías!

TT: Al conocer sus tesoros despertó mi idea fija
y al final cambiamos oro por baratijas.

MM: ¡Oro por baratijas! ¡qué abuso! ¡qué trueque tan desigual! Después del canje don Rodrigo guardó en un enorme cofre lo que había obtenido: montañas... de baratijas.

TT: ¡Tramposos! ¡Aprovechadores! ¡devolved el oro!
Rescatemos nuestro oro, mis valientes
con coraje, con la espada, con los dientes;
mi honra está en juego, y de aquí no me muevo.

CORO: ¡Uououououo!

MM: ¡Firme, sin dudar ante el enemigo!
¡Firme, con valor!
¡Firme don Rodrigo!
Y don Rodrigo...
firmó la rendición.

Echa a andar Rodrigo tras mejor estrella
leguas y más leguas hacia el rumbo norte.
Le siguen sus huestes en la heroica huella
a través de montes, valles, sierras.
Mas, destino esquivo, encuentra nativos
que al cantar auguran sus sones de guerra.

CORO: ¡Qué suerte que haya llegado!
¡qué oportuno!
Siempre nos han gustado turistas
pa´l desayuno
Pero hasta este día no había llegado
ninguno.


TT: No he venido a ser comido tras tan larga travesía;
he venido a conquistarles y a vender artesanía.
Mi honra está en juego y de aquí no me muevo.

CORO: ¡Ia ia ia ia!

TT: ¡Sí me muevo!

MM: Y huye don Rodrigo otra vez al norte; triste, sin su tropa, huye solitario. Descarga del hombro su pesado cofre, y haciendo un alto, anota en su diario:

TT: Ayer dimos con un grupo de nativos y fuimos atacados, con todo éxito. He debido proseguir solo esta marcha, ya que los indios decidieron quedarse a comer con los soldados; digo, "a" los soldados.

MM: Y en varias jornadas de marcha muy dura, llega a una meseta de increíble altura que los nativos llamaban la Puna.

TT: Llegué a tierras de La Puna arrastrando con porfía
mi cofre de artesanías, magra fortuna.
Allí encontré indios buenos que al ver mi traza ruinosa
me cantaron una hermosa canción de Puna.

CORO: Duérmase,
don Rodrigo, duérmase.

Cierre sus ojitos,
no los deje abiertos
que si no se duerme
se va a quedar despierto.

Duérmase, duérmase
duerma don Rodrigo
duérmase, duérmase
vamos duérmase, duérmase
de una vez.


LP: ¡Arrorró!

MM: Quince horas duró este arrullo... este "arrullo puneño".
Rodrigo, agotado por tal cortesía, prosigue su viaje en busca del sueño, del sueño de gloria.

TT: (Bosteza) Disculpe

MM: Del sueño de gloria que alienta sus días:
descubrir poblados, conquistar reinados,
y vender si puede las artesanías.

TT: Con mis fuerzas casi extintas a vasto imperio llegué;
puse pie en tierra de incas, o sea, hice hincapié.

MM: Y llega Rodrigo en día de fiesta...

TT: Y vide pompa y boato como non vi en cortes nuestras:
sacerdotes, oficiantes, nobles, jefes, consejeros;
y vide tres mil guerreros que de poder daban muestras,
esclavos y servidores... y como diez mil extras.

CORO: Somos los incas.

DR: Somos los incas,
un pueblo incansable,
que incalculables riquezas atesora.
Entre los hombres hay incautos e incapaces,
pero nuestras mujeres son inca-ntadoras.

MM: La gala imponente del fasto aborigen
recuerda a Rodrigo su sino glorioso,
el noble designio que al viaje dio origen;
y encarando al Inca, anuncia gozoso:

TT: ¡Artesanías! ¡Vasijas de barro, ponchos, mates, boleadoras, todo a mitad de precio!¡ Debería Ud. aprovechar esta oferta!

MM: Rodrigo es prendido por los nativos,
mas lucha, se zafa y proclama altivo:

TT: ¡Deteneos, ignorantes, atrasados!
Desde hoy quedáis todos conquistados.
Mi honra está en juego, y de aquí no me muevo.

MM: Quinientas leguas al norte,
en un bosque encuentra nativos
que cantan y bailan con dulces sonidos.


CORO: Conozca usted Colombia, paraíso natural
y baile aquí la cumbia, que es el baile nacional.
Es brutal.

TT: Colombia, Colombia... ¿Habéis dicho Colombia? ¿Pero es que ya ha pasado por aquí don Cristóbal? Pues nada, de hoy en adelante este país se llamará ¡Rodrigombia!

Decidme nativos, ¿do están los tesoros?
¿do están las minas de plata y de oro?

CORO: No tenemos

TT: ¿Tenéis por aquí piedrecillas brillantes,
zafiros, rubies, topacios, diamantes?
CORO: No, no, no.

TT: ¿Estaño, antimonio, cobre o manganeso?
CORO: Nada de eso

TT: ¿Carbón, piedra pómez?
CORO: Nones

TT: ¿Botellas vacías?
CORO: No

CN: ¿Ropa usada?
CORO: No

TT: ¿Es que no tenéis nada?

CORO: Tenemos un buen café,
aromático y sabroso:
café de Rodrigombia.

MM: Y sin arredrarse ante los fracasos
hacia el rumbo nordeste dirije sus pasos.

TT: Al llegar cerca del mar
rogué que no se extinguieran mis fuerzas
que entonces eran por demás flacas.
Me inspiré tomando el nombre de los indios del lugar
y en aquel hermoso lar fundé ¡Caracas!

Fundé Caracas, y acerté a fundarla en tan hermoso valle...

MM: ¡Fundó Caracas, dice!

TT: ... y acerté a fundarla en tan hermoso valle...

MM: "Acerté a fundarla"... acertó a fundarla... y tanto acertó que la fundó en pleno centro de Caracas... ¡que ya estaba fundada!... y él no lo vio.

TT: Y bueno, hombre, con la prisa...

MM: Los guardias perplejos, y algunos paseantes,
intentan prenderlo y en cárcel ponerlo.
Rodrigo protesta, fiero, desafiante.

TT: Mi honra está en juego y de aquí no me muevo.

DR: Por ante este tribunal se condena a don Rodrigo Díaz de Carreras la pena de destierro en la isla de Puerto Rico, por los delitos de portación de armas, tráfico de baratijas y fundación ilícita.

TT: Estando el barco al llegar
a donde cumplir mi pena,
de esclavos oigo un cantar
que a negro destino suena.


DR: ...Eingue ianga pungué
amanga tenguelé o manga ió
abayanga iacatengo achicoria
aianga racatengo manga iá
iacatengo a achicoria
iengue ié everybody
Amañangapa acá
amañanga fue pa angaingui? No
amañanga fue pa anga anga? Tampoco
Amañanga fue pa angaiungu? Vamo´a ver
Aiá tu, acá yo
Aiá yo, acá tu
Aiá yo y tu, acá...
Achicoria!
Acaquicoyo, acaquicoyo, acaquicoyo
Acatocábayo.

TT: Mas, ni bien pisé tierra firme fui de pronto conmovido por los ojos renegridos de una morena. Y revivieron mis sueños de viejo conquistador, sed de guerra, del amor que el alma llena. Ya vendrá otra gente a conquistar las Indias; yo, me quedo aquí a conquistar ¡mi negra!

CORO: No hay en la vida nada
TT : como mi negra

CORO: nada, nadita, nada
TT: como mi negra

CORO: no hay en la vida nada
TT: como mi negra

CORO: nada, nadita, nada
TT: como mi negra
DR: Achicoria!

TT: Hoy la brisa está tan suave...
CORO: ...como mi negra

TT: que los juncos se bambolean...
CORO: ...como mi negra

TT: y la música es tan bonita...
CORO: ...como mi negra

TT: que es tocada por todo el mundo...
CORO: ...como mi neg...

MM: Y aquí se acaba la historia de don Rodrigo

CORO: ¡se acaba! (bis)
¡Y se acabó!


Esta obra formó parte de los siguientes espectáculos:
"Mastropiero que Nunca" (1977)
"Las Obras de Ayer" (2002)
Fragmentos de esta obra cerraba el Potpourrí de las primera funciones de "Grandes Hitos" (1992)

Videograbaciones:
DVD 1 "Mastropiero que Nunca"
DVD 11 "Las Obras de Ayer"

Versión discográfica:
Vol.5 "Mastropiero que nunca"


Formación:

M. Mundstock: Presentación

M. Mundstock: Relator /tamboril y reco-reco
C. Núñez Cortés: Don Rodrigo Díaz de Carreras / piano y teclado electrónico - coro
C. López Puccio: Nativo / piano, teclado electrónico, pandereta y timbaletas - coro
J. Maronna: Nativo / guitarra, sonajero, charango, bajo eléctrico y cuatro venezolano - coro
D. Rabinovich: Nativo/ Inca / tom-tom de pie, bombo legüero, platillo, y congas - coro

Ver texto de la versión de Argentina 2002


Historia de Don Rodrigo:

Cuando estábamos preparando lo que luego sería “Mastropiero que nunca” ocurrió algo rarísimo. Carlitos era el maestro de ensayos y con su acostumbrada meticulosidad, a medida que avanzábamos en la preparación y se iban ajustando las “puestas en escena”, iba tomando los tiempos de las obras para establecer la duración total. El final del show estaba reservado para la “Visita a la Universidad de Wildstone” y todo iba aparentemente viento en popa hasta que, faltando poco más de una semana para el estreno, nos dimos cuenta que nos faltaban como veinte minutos de espectáculo!!! Revisamos y revisamos y no había caso, tal vez entusiasmados con las cosas fantásticas que iban saliendo nos habíamos confiado pero nos habíamos quedado muy cortos... Empezamos a revisar los papeles buscando alguna idea salvadora, en la “carpeta creativa”, en los apuntes, casi en cuanto papel estuviera rondando por nuestras casas. Hasta que en una reunión se decidió intentar hacer algo con una idea que se me había ocurrido un tiempo antes y que estaba por ahí arrumbada: dado que estaba de moda hacer “cantatas” históricas la propuesta era contar las aventuras de un adelantando español muy despistado que en vez de entrar por el Caribe y bajar, entraba por el Río de la Plata y subía, “a contramano de los conquistadores”. Tenía muchas puntas para explotar por la posibilidad de mostrar las diferentes músicas a lo largo de su recorrido y además terminar en el Caribe con una “salsa”, con lo que podía ser un mejor candidato para cierre de show. La comisión la formamos Jorge, Pucho y yo, y “Don Rodrigo” fue una de las obras más largas del repertorio y la que ostentó el record de menor tiempo: tres días (y sus noches, claro...)
El primer día armamos el recorrido y el esquema general de relato, el segundo día escribimos los textos, Jorge y Pucho fueron haciendo los ajustes y coordinando con Marcos, que sería el relator, mientras yo ponía los textos de Don Rodrigo en verso de pie quebrado, y a la par de todo esto Jorge componía las intervenciones de Don Rodrigo, yo los temas de los distintos episodios y Pucho hacía los ajustes finales y coordinaba semejante operativo. Claro, no era cada uno por su lado, todos hacíamos un poco de todo y a una velocidad de vértigo... Pero la cosa no terminó ahí... Don Rodrigo había sido pensado para Daniel y al comenzar los ensayos nos encontramos con que a Daniel no le resultaba fluido el acento español y el tener que apegarse a un texto “fijo”, por otra parte larguísimo, lo tenía incómodo y no muy a gusto. Y en eso se fueron un par de ensayos, y otra vez atrancados, y con la fecha encima... Mi memoria ya no es muy buena pero creo recordar que hubo una postergación de una semana. La cuestión es que luego de ese par de ensayos y muchos nervios Marcos propuso que yo hiciera Don Rodrigo y que Daniel pasara a jugar de “líbero” en el grupo instrumental. Y resultó un buen enroque pues creo haber hecho un buen Don Rodrigo y además Daniel, al estar suelto, estaba en su salsa inventando gags.
En el video de “Mastropiero que nunca”, sobre el final, se nos ve a Marcos y a mí tratando de taparnos las caras, y no era fingido porque estábamos muertos de risa por la cosas que Daniel decía en medio de su delirio de “Aquí toco yo”. Y cada vez que lo hacía agregaba cosas, algunas “publicables” y otras no, pero dichas con tal habilidad que el público no se enteraba...
Aunque no compartida por todo el grupo, mi convicción es que la “Cantata de Don Rodrigo” fue uno de los mejores y más exquisitos productos de una irrepetible época de Les Luthiers.

Ernesto Acher/ www.ernestoacher.com

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